CÓMO PONER LÍMITES: TRES, LA FIRMEZA


En cuestiones realmente importantes, cuando existe una resistencia a la obediencia, necesitamos aplicar el límite con firmeza.
Por ejemplo:
"Vete a tu habitación ahora"
o "¡Para!, los juguetes no son para tirar"

Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro.
Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no.
Ejemplos de ligeros límites:
"¿Por qué no te llevas los juguetes fuera de aquí?"; "Debes hacer las tareas de la escuela ahora";
"Vente a casa ahora, ¿vale?"
o "Yo realmente deseo que te limpies".
Esos límites son apropiados para cuando se desea que el niño tome un cierto camino.
De cualquier modo, para esas pocas obligaciones "debe estar hecho", serás mejor cómplice de tu hijo si aplicas un firme mandato.
La firmeza está entre lo ligero y lo autoritario.

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